La exsecretaria de Estado desmenuza las medidas tomadas por el Gobierno en pos del empleo. Su diagnóstico global es categórico: “La pandemia nos develó que necesitamos, sin duda, un Estado no subsidiario”.

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n varias reuniones por videollamada está por estos días la abogada, vicepresidenta de la Fundación Chile 21 y exministra del Trabajo de Michelle Bachelet, Alejandra Krauss. A sus actividades como abogada del estudio Krauss Donoso & Cía. le ha sumado labores probono, para revisar pactos y anexos de contrato que están firmando trabajadores con empleadores para flexibilizar sus jornadas, en medio de la pandemia.

En una semana en que se conmemoró el Día del Trabajador y en la que el Gobierno presentó la tercera parte de su plan para proteger a los trabajadores, ahora a los independientes, la exministra que implementó la reforma laboral del gobierno anterior, hace una evaluación. “Valoro, sin duda, cada una de las iniciativas que el Gobierno ha impulsado, creo que en el Congreso todas estas se han ido perfeccionando. Probablemente han sido respuestas aún insuficientes, que han sido lentas, pero al menos las tenemos, y en esa lentitud se pueden haber producido ciertas incertezas que han afectado la estabilidad de los trabajadores, que ha permitido abusos, y eso se pudo haber reducido al mínimo con respuestas más rápidas”.

—¿Cuánto del impacto en el empleo es por el coronavirus y cuánto por el estallido social?

“Lo primero es que en el estallido social de octubre uno de los gatillantes fue la existencia de un mercado del trabajo que no estaba respondiendo de manera justa, con remuneraciones bajas, brechas salariales altas, pensiones indignas, protección social débil, precarizaciones. Por otra parte, la emergencia sanitaria también nos develó una protección social más bien débil, con muchos trabajadores que no tienen protección social como tal, con un Estado que tuvo que comenzar a asumir roles que nunca debió abandonar. A diciembre de 2019 las solicitudes aceptadas del seguro de cesantía se habían incrementado ya en 20% respecto de diciembre de 2018, ya teníamos un impacto, y eso daba cuenta de que el mercado del trabajo se estaba ajustando de forma paulatina, porque venía mostrando una tendencia de aumento en las cifras de desempleo desde antes del estallido social”.

—Alguna de las medidas de protección del empleo, ¿deberían ser permanentes?

“Lo que surge es la necesidad de fortalecer ese sistema de protección social y buscar instrumentos que aborden todas y cada una de las etapas de vida de los trabajadores, así como las circunstancias que van enfrentando. Cuando el Presidente Piñera anuncia el seguro de protección a los ingresos de los trabajadores independientes, señala primero que es solidario, vale decir, la solidaridad se empieza a instalar en el sistema de protección social. Además señala que será un seguro de carácter permanente. Hoy día nadie se puede rascar con sus propias manos”.

—¿Se caen paradigmas con la crisis?

“Yo espero que hayamos superado el debate, en serio, desde una perspectiva ideológica, pero esto no tiene que ver solo con la pandemia. El estallido social surge de una desesperanza y frustración de una gran mayoría de chilenos, de jóvenes cuyas familias apostaron por un sistema que los dejó en el camino. Los paradigmas de esta sociedad que se construía, en la cual el chorreo del crecimiento era suficiente, hace mucho sabíamos que no respondían a las necesidades de una sociedad moderna, sostenible. Y la pandemia nos develó que necesitamos, sin duda, un Estado no subsidiario”.

—En todas estas mejoras en la protección social de trabajadores, ¿quién paga la cuenta?

“Con la Ley de Protección al Empleo estamos usando las platas del seguro de cesantía, sin despedir, que es una buena idea. Pero ¿quién lo está pagando? El trabajador usa sus ahorros en la cuenta individual, se ayuda a sí mismo, pero también al empleador, porque no va a tener que incurrir en los costos del despido. Si después de esta crisis el trabajador es despedido, no va a tener ahorros para financiar su cesantía. ¿Cómo se soluciona eso? Probablemente algo que al Presidente Piñera podría no gustarle mucho. Subir los impuestos puede ser una necesidad. Vamos a tener que enfrentar nuevos costos laborales, eso develaron la pandemia y el estallido social. Cuando tienes remuneraciones bajas, es natural que el trabajador se resista a tener que cotizar, por ejemplo, porque no tiene capacidad de ahorro, no es porque no quiera”.

—¿Hay espacio para subir impuestos cuando se prevé quiebras masivas y caída de actividad para todos los sectores económicos? ¿Es responsable plantearlo?

“Probablemente va a haber que buscar mayores focalizaciones, gradualidades, distintos instrumentos que permitan enfrentar esta nueva realidad. Me parece adecuado haber partido con las medidas de protección al empleo. Me gustaría que se focalizaran en protección a los ingresos, por la pérdida de empleos que sabemos que se va a producir, y tratar de evitar la mayor cantidad de quiebras”.

—¿Cree que habrá empresas que abusarán del mecanismo?

“No me gusta hablar de abuso, porque la ley no distinguió al crear este subsidio, ni en el tamaño de empresa ni en otras circunstancias. Se utiliza un instrumento que existe. Lo que sí es que hay que revisar después con detalle las razones de cada empresa para utilizar el sistema y si se justificaba”.

—¿Concuerda con obligar a grandes empresas a que se acojan a esta ley a suspender la entrega de dividendos o rebajar dietas?

“Yo apoyo absolutamente la propuesta que fue aprobada el martes en el Congreso. No corresponde retirar utilidades en una coyuntura como esta. Lo primero era partir por los directores y sus altos ejecutivos, es lo mínimo que una buena empresa puede hacer”.

—Para los trabajadores informales, ¿es medida suficiente el bono?

“Se valora la entrega de estos bonos, pero sin duda debe ser de mejor manera focalizado. Solo un ejemplo: el trabajador informal de La Serena, que nunca ha tenido cuarentena y ha podido generar ingresos de una u otra manera en su condición de informal, versus el de Ñuñoa, que lleva 40 días de cuarentena obligatoria, no lo ha podido realizar. Este tipo de instrumentos, que se entrega a todos por igual, puede ser tremendamente desigual”.

—El seguro para independientes anunciado, ¿está bien focalizado?

“Me parece adecuado ir avanzando hacia este tipo de seguro, porque son instrumentos que protegen los ingresos, más que el empleo. Lo que más valoro es que se hable de la solidaridad, que se entienda que se requiere para enfrentar situaciones de excepción”.

—¿Qué grupos quedaron desprotegidos con estos paquetes de ayuda?

“Dejemos claro que los informales los están ayudando a través de bonos, en esos casos sí creo que puede haber un incentivo a permanecer informal. Lo estamos resolviendo en una emergencia, pero no resuelve el problema de fondo del trabajador informal. Además, tenemos una situación pendiente con aquellos trabajadores que ya se pensionaron y que siguen trabajando, pero que no tienen seguro de cesantía”.

El Mercurio