Las dudas del “puntapié inicial” del nuevo regulador financiero

Jun 22, 2017Financiamiento y Mercado de Capitales, Prensa

Pese a las dificultades, el ministro logró su primer objetivo. Si bien en un inicio los integrantes de la CMF ganarán en torno a la mitad de los miembros de la entidad a la que justamente busca emular (el Banco Central), este martes la cartera informó los cuatro nombres que la presidenta Bachelet propondrá al Congreso para reemplazar a la SVS y, posteriormente, a la SBIF. Se trata de Kevin Cowan, Mauricio Larraín, Rosario Celedón y Christian Larraín.

Y es ahí donde radican las principales dudas del mercado. Aunque se valora ampliamente el perfil técnico y académico de los nombres propuestos, para algunos la dificultad para encontrar a los integrantes iniciales del nuevo regulador revela un problema más estructural en torno a él.

“Posiblemente fue difícil dar con nombres de mayor trayectoria, dado que la exclusividad exigida para esta comisión no está acorde a las remuneraciones establecidas, que debieron asemejarse a lo que paga, por ejemplo, el Banco Central a sus consejeros”, dice José Luis Ruiz, académico de la Universidad de Chile.

Según la Ley, los comisionados tienen derecho a percibir una remuneración que corresponde al segundo grado de escalafón de directivos de planta de la Comisión del Mercado Financiero. “Es un sueldo equivalente al 50% de lo que recibe un Consejero del Banco Central, entre 6 y 7 millones mensuales”, dice una fuente que ha estado cerca del proceso. “Es bajo para el tipo de expertise que se requiere”.

Los comisionados deben dar dedicación exclusiva a su labor, pues la ley señala que es totalmente incompatible con cualquier otro cargo o servicio, con la excepción de la docencia (un máximo de 12 horas semanales), así como participación en fundaciones sin fines de lucro, en labores no remuneradas. Además, luego de que hayan dejado sus cargos no podrán ejercer ni prestar servicios durante seis meses en empresas del sector financiero que hayan sido supervisadas por la Comisión.

“Estas nominaciones vienen a dar una gran tranquilidad al mercado de capitales chileno. Era necesario que el proceso de institucionalización de la CMF lograra destrabarse y avanzar. Pero la dificultad para encontrar comisionados dispuestos a ponerse al frente de la CMF con la orgánica que quedó en la ley, es evidencia que algo no está bien”, dice Max Spiess, socio de Baraona abogados.

“No se puede negar que aquí había una restricción presupuestaria relevante”, dice Marco Morales, académico de la Universidad Diego Portales. “Entonces si tú piensas en gente de alto nivel técnico o gente que tenga un costo de oportunidad muy alto, obviamente que era una restricción”.

“Son buenos nombres pero parece el equipo B de Valdés. Buenos jugadores, muchos de ellos jóvenes promesas, pero no jugadores consagrados”, dice una fuente del mercado financiero que tiene relación cercana con Hacienda. “Que funcione este nuevo regulador dependerá de la personalidad de los comisionados y del tiempo que tarde en completarse la institucionalidad, que depende que se apruebe la Ley de Bancos para que estos entren bajo el paraguas de la CMF. Creo que esto último también fue una limitante para fichar perfiles de equipo A”, señala.

“Los cuatro miembros sugeridos por la Presidenta tienen una buena formación técnica en materia financiera”, dice José Luis Ruiz. “Encuentro, eso sí, que falta un mejor balance en cuanto a expertise real en la regulación y conocimiento de cómo opera el mercado financiero. Salvo Cristián Larraín, que conoce ampliamente el mercado nacional, los otros miembros tienen una muy buena formación académica, pasos por instituciones como el BID, Hacienda o Banco Central en unidades de investigación o técnicas, pero menos expertise en la práctica”.

“Los nombres son bastante buenos, puramente técnicos, de alta calidad, con estudios doctorales”, dice Patricio Rojas, economista de Rojas & Asociados. “Pero son personas que van a entrar a un proceso de aprendizaje en el tema de fiscalización”, señala. Así, “la transición va a depender mucho de las personas, por lo que se va a requerir un presidente que tenga la capacidad de que esta comisión se vaya empoderando. Hoy conocemos cuatro nombres técnicos, muy buenos, pero que probablemente no han estado en la regulación en forma directa. Por lo tanto, acá no da lo mismo quien sea el presidente”.

“Yo supe que se intentó reclutar a personas de mayor perfil y experiencia de mercado, pero al parecer no les resultó demasiado”, dice un ex regulador del mercado financiero. “Creo que la paga es baja y las inhabilidades muchas. Tampoco es claro si los comisionados tendrán peso o si serán personas de bajo perfil frente a un presidente muy activo y con alto liderazgo. Ya veremos”.

UNA MESA «COJA”

La falta de recursos trascendería el sueldo de los integrantes de la CMF, según algunos. “A la comisión no se le asignó presupuesto para tener una buena gerencia de estudios”, dice una conocida fuente del sector financiero, quien trabajó en el ministerio de Hacienda. “El Banco Central, por ejemplo, tiene a los consejeros, de mayor perfil y nivel de remuneración, pero también tienen asignado un staff que les ayuda a estar permanente investigando y dedicándose a eso. Acá no se produce eso”, señala.

“En general, me parece que los recursos asignados por ley siguen siendo insuficientes dada la importancia que debe tener un comisionado financiero”, plantea José Luis Ruiz, de la Universidad de Chile.

A la insuficiencia de recursos se suma otra inquietud: cómo la CMF incorporará los roles de la Superintendencia de Bancos, tal como debiera ocurrir luego de que se apruebe la Ley General de Bancos, la cual inició recientemente su discusión. “Por su complejidad, es imposible que la ley de bancos sea aprobada en menos de un año”, dice Raphael Bergoeing, ex superintendente de Bancos y hoy investigador del Centro de Estudios Públicos (CEP). “Por lo tanto, si toma dos años aprobarla, ¿tuvo sentido tener por todo este tiempo a gente experta en el área desperdiciando ese conocimiento?”.

“Acá es esencial ver qué va a pasar con la SBIF. Porque si lo que se hizo ahora es solo generar un nuevo regulador para el mercado de valores, es un paso incompleto”, dice Guillermo Larraín, ex superintendente de valores y seguros. “Acá uno tiene que tener un modelo coherente. Sería muy raro que uno tenga un Banco Central colegiado, un regulador del mercado financiero colegiado, pero después dos entidades unipersonales en pensiones y en banca. No tiene sentido”, dice.

El ex regulador valora, de todos modos, los nombres anunciados. “En general los conozco y son nombres y personas de primer nivel”, sostiene.

Bergoeing concuerda con este último punto. “En los nombramientos vimos una adecuada mezcla de experiencia profesional y conocimiento técnico”, señala. “Sin embargo, quedan obvias dudas ¿Qué va a pasar cuando se incorpore bancos? ¿El mismo presidente de la comisión va a hacer la pega ahora de supervisión del sistema bancario? Valores y bancos tienen mucho en común, pero tienen funciones completamente distintas”, dice. “En particular, la supervisión en el mundo de los valores funciona tratando de descubrir malas prácticas, sancionando una vez que se cometen errores, el análisis es más bien ex post. Pero en el mundo bancario la supervisión es ex ante, es un mecanismo prudencial, la idea es adelantarse a los problemas, porque una vez que este ocurre, no sacas nada sancionando: ya se produjo la corrida”.

Así, hay quienes creen que la dificultad para encontrar comisionados no se sustentó solo en los sueldos. “No todo puede justificarse en las remuneraciones poco competitivas y la exclusividad del cargo”, dice Max Spiess, de Baraona abogados. “No hay que desentender que la demora en la implementación del organismo y las críticas soterradas que se han levantado respecto de su orgánica, son elementos que siguen inquietando. Sería bueno que las autoridades atendieran a estas evidencias porque la alicaída economía nacional necesita que las buenas ideas y reformas sean acompañadas de una implementación técnica adecuada y un proceso legislativo que empatice con una sociedad más crítica y apoderada”, sostiene.

Artículo Original: El Mercurio
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